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(Agosto/Septiembre 1997)
Reflexiones sobre las ultimas luchas estudiantiles en Nicaragua
por Orson Mojica
Nicaragua ha vuelto a ser noticia. La televisión y los diarios nos reproducen las imágenes y fotos de estudiantes enmascarados, armados con morteros caseros, enfrentándose violentamente con la Policía, peleando palmo a palmo las calles aledañas a las principales universidades de Managua. ¿Se ha encendido nuevamente la llama de la revolución?
Antes de 1979, bajo la dictadura somocista, el Estado otorgaba únicamente el 2% del presupuesto a las universidades. La lucha por incrementarlo hasta el 6%, por un lado, y la defensa de la autonomía universitaria, por el otro, fueron las principales consignas que agitaron y movilizaron a los estudiantes nicaragüenses en esa época. De esas movilizaciones, en los años sesenta y setenta, salieron los mas importantes líderes guerrilleros del FSLN. Desde entonces, por haber encabezado esas luchas, el FSLN controla políticamente al movimiento estudiantil universitario.
La lucha por el 6% para las universidades perdió sentido en el periodo 1979-1989, debido a la masificación de la enseñanza superior y por que, en los primeros cinco años de la revolución (1979-1984), el primer gobierno sandinista gastó una parte importante del presupuesto en la educación. Sin embargo, a partir de la aplicación del primer plan de ajuste, el 14 de Febrero de 1988, asfixiado por la hiperinflación y la prolongada guerra civil, el segundo gobierno sandinista (1985-1990) redujo considerablemente los gastos de salud y educación. Y los viejos problemas en las universidades comenzaron a aflorar nuevamente.
El forcejeo con el gobierno de la Sra. Chamorro no se hizo esperar. La banca internacional exigía reducir aún más los gastos de la educación superior, para trasladarlos a la educación primaria, con el objetivo de capacitar mínimamente a los obreros que trabajarían en las maquilas.
Amparándose en la Constitución de 1987, que no decía nada en relación al monto presupuestario para las universidades, la Sra. Chamorro intentó en repetidas ocasiones entregar solamente el 6% de los gastos ordinarios del presupuesto. Como Nicaragua es actualmente uno de los países mas pobres de América Latina y, por lo tanto, sobrevive en gran medida por la "ayuda internacional", la mayor parte de los ingresos del Estado corresponden a las "donaciones", es decir, a los llamados "ingresos extraordinarios". Interpretar si el 6% también incluía las donaciones se convirtió en el motivo central del conflicto entre el gobierno y las comunidad universitaria.
En septiembre de 1992, la dirigencia estudiantil y los rectores agrupados en al Consejo Nacional de Universidades (CNU) solicitaron a la Asamblea Nacional que hiciese una interpretación auténtica de la Ley 89. El resultado fue un rotundo éxito para la causa estudiantil. Los diputados de esa época resolvieron, a través de la ley Nº 151, por una apretada mayoría de votos, que el 6% del presupuesto incluía los "ingresos ordinarios y extraordinarios".
El gobierno de la Sra. Chamorro no le quedó otro camino que retroceder. Posteriormente, la reforma constitucional de 1995 elevó a rango constitucional el 6% para las universidades. El artículo 112 de la Constitución dice que el presupuesto de la República "regula los ingresos ordinarios y extraordinarios", y ahora bajo el gobierno del Dr. Alemán nuevamente se ha revivido la polémica de 1992.
Además, el veto incluía que el gobierno debe vigilar las finanzas de las universidades y regular las asignaciones particulares. De esta manera, Alemán intenta matar varios pájaros de un solo tiro: imponer un plan de ajuste basado en la educación primaria, crear base social al interior de las universidades, disminuir la cantidad de estudiantes becados simpatizantes del FSLN y utilizar los recursos del Estado para financiar a las universidades privadas.
Lo anterior puede parecer muy revolucionario, pero en realidad no lo es. Puede ser noticia en los telenoticieros a nivel mundial, pero después de una semana deja de ser noticia. Puede desprestigiar coyunturalmente al presidente Alemán, pero si no estallan grandes movilizaciones, el gobierno seguirá incólume. Cada día que pasa, al menos esto fue lo que ocurrió recientemente, la lucha callejera queda reducida a grupos muy combativos pero pequeños numéricamente.
Los profesores universitarios no pueden participar en la lucha porque no hay asambleas democráticas. Todo se reduce a tomarse el aeropuerto, las calles céntricas para paralizar el tráfico, alzando barricadas y enfrentándose a pedradas con la Policía, dejando de lado lo más importante: levantar una política independiente del gobierno liberal y del FSLN, que nos permita unir a estudiantes, profesores y trabajadores universitarios en un solo bloque y luchar no sólo por mas presupuesto para las universidades, sino, sobre todo, para controlar los gastos de la burocracia universitaria con el objetivo de aumentar el estipendio para los becarios y el salario a los docentes y trabajadores menos calificados.
La lucha universitaria es justa pero no puede quedar en manos de los rectores, ni en manos de la burguesía sandinista. Si continúa imponiéndose el método guerrillerista de la UNEN, de sólo presionar para negociar, el movimiento estudiantil puede sufrir una tremenda derrota. Para vencer la intransigencia del presidente Alemán, las maniobras de la burguesía sandinista y la manipulación de los rectores, se requiere montar asambleas de estudiantes, profesores y trabajadores para discutir cómo organizar las próximas jornadas de lucha, ya que el gobierno no descansará hasta cumplir sus objetivos. ¡Allá nosotros si se lo permitimos!
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Créditos: El Trabajador Centroamericano es una publicación conjunta del Partido de los Trabajadores (PT) de Honduras, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Nicaragua y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Costa Rica. Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión editorial, ni la de los partidos que la editan y son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Aquí nos encuentra: Nicaragua:
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