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(Junio/Julio 1997)
EDITORIAL
Bill Clinton vino a Centroamérica. Estuvo un par de días reunido con los presidentes centroamericanos y de la República Dominicana, firmó la "Declaración de San José" y se fue.
Atrás quedaron las falsas expectativas que los gobiernos del área habían tratado de crear alrededor de la Cumbre. Atrás quedaron las poses de defensores de los inmigrantes que trataron de levantar nuestros gobernantes, atrás quedó la ilusión de lograr beneficios del Tratado de Libre Comercio. En suma, la Cumbre pasó tal como debía pasar: con los presidentes arrodillados ante el amo imperialista.
La Declaración firmada es un nuevo compromiso de parte de los gobernantes para con el Tío Sam, por eso se habla de narcotráfico y delincuencia que son los temas que preocupan a los capitalistas norteamericanos, porque afectan sus propios intereses y porque son una buena excusa para incrementar la ingerencia de EE.UU. en los países latinoamericanos. Con este tipo de acuerdos, se crean nuevos lazos de dependencia y se profundizan las características semicoloniales de los países centroamericanos.
Lo nuevo y lamentable del caso es que frente a esta descarada entrega de nuestra independencia nacional no se ha levantado las voz de protesta de las organizaciones obreras, campesinas y populares de la región, y mucho menos de las organizaciones políticas que se reclaman nacionalistas, democráticas, antiimperialistas y populares (salvo honrosas excepciones).
Este hecho, no es casual, es otra expresión más del cambio operado en las direcciones políticas que buscan un lugar en el régimen burgués y que sistemáticamente se niegan a impulsar las luchas: desde las más elementales —por el salario, la tierra y la defensa de las conquistas del movimiento obrero y popular—, hasta la lucha por la soberanía nacional y las libertades democráticas.
Esta situación pone a la orden del día la necesidad de que calor de las luchas de resistencia y con los mejores luchadores empecemos a construir una nueva dirección política obrera y revolucionaria que nos permita superar esta crisis de dirección. En esa tarea estamos los trotskistas centroamericanos.
VISITA DE CLINTON A CENTROAMERICA
por Alberto Ramírez Ocampo, Costa Rica
Los presidentes del istmo centroamericano y de República Dominicana demostraron, un vez más, su sometimiento al imperialismo norteamericano, tanto con el pomposo recibimiento y atenciones otorgados a Bill Clinton y su comitiva, como con la firma el 9 de mayo de un documento denominado "Declaración de San José".
Ese documento consta de seis puntos, encabezados por una introducción en la cual se sostiene hipócritamente que: "Centroamérica es ahora una región de paz, libertad y democracia, profundamente comprometida con un proceso de integración, en la cual impera un espíritu de concordia, cooperación, pluralismo y donde prevalece el respeto a los derechos humanos..."
Todos los centroamericanos, excepto un puñado de ricos, sabemos que lo anterior es una falsedad. Lo que realmente reina en Centroamérica es una "paz" con hambre, miseria y violencia contra los trabajadores, campesinos y sectores populares, como resultado de la aplicación de los planes de ajuste dictados por los organismos financieros internacionales. La "libertad" y "democracia" que existe en Centroamérica es para que los capitalistas centroamericanos y transnacionales hagan sus grandes negocios, inviertan e incrementen sus ganancias, para finalmente llevárselas al extranjero.
El apartado del documento titulado "Fortalecimiento de la democracia y gobernabilidad" es el que mejor refleja la dependencia de los presidentes centroamericanos con respecto a su amo imperialista. En este se establece lo siguiente: "...Reconocemos que la delincuencia es una de las principales amenazas al régimen democrático... nos comprometemos a modernizar nuestros tratados de extradición y a aplicarlos vigorosamente para ayudar a asegurar que los criminales sean llevados ante la Justicia donde el efecto de su crimen se siente más severamente. Acordamos intensificar nuestros esfuerzos nacionales... bilaterales, multilaterales y regionales para combatir el consumo y el tráfico de drogas, el lavado de dinero y la narcoactividad en todas sus manifestaciones".
De esta extensa cita se desprenden tres cuestiones que analizamos seguidamente:
1.- El problema de la delincuencia. El documento planeta la delincuencia como una de las principales amenazas al "régimen democrático"; sin embargo, no plantea para nada que la causa fundamental de esa delincuencia son las políticas hambreadoras del FMI y Banco Mundial, que lanzan al desempleo y a la ruina económica y moral a miles de centroamericanos, que como consecuencia se involucran en el narcotráfico y otros tipos de actividad delincuencial.
2.- El asunto de la extradición. El viaje de Clinton a Centroamérica tuvo como uno de sus objetivos centrales, lograr una mayor intervención en el área a todos los niveles, bajo el pretexto del narcotráfico. El imperialismo norteamericano tiene un grave problema: el masivo consumo de drogas y su comercio "desleal" por parte de la narcomafia de procedencia latinoamericana. América Central sirve de puente y bodega para el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. Desde esta región se envían grandes toneladas de estupefacientes a la metrópoli norteamericana. Este hecho ha servido al imperialismo yanqui para exigir a los presidentes centroamericanos la "modernización" de los tratados de extradición, a través de los cuales la "justicia" norteamericana se extiende hasta nuestros países, violando abiertamente nuestra soberanía, y se arroga el derecho de juzgar y condenar en su país a cualquier persona de cualquier nacionalidad, tildada por ellos de criminal. Estamos en contra del narcotráfico; sin embargo, consideramos que los narcotraficantes deben ser juzgados y condenados de acuerdo a las leyes nacionales. Esos acuerdos de extradición abren un portillo muy peligroso para que en el futuro se juzguen y condenen en los Estados Unidos a personas de estos países por razones políticas. Baste recordar que los Estados Unidos llegaron incluso a invadir Panamá con el pretexto de la vinculación de Noriega al narcotráfico, con el verdadero propósito de afianzar sus intereses económicos y geopolíticos.
3.- Un vehículo para la intervención militar y policial. El asunto del narcotráfico esta sirviendo además para incrementar la intervención policíaca y militar de los Estados Unidos en territorio centroamericano, a tal grado que en América Central se proyecta construir un Centro Conjunto de Lucha contra el Narcotráfico, con sede en El Salvador.
Por otra parte, un tema central de la reunión y la declaración de San José sin duda consistió en el problema migratorio. Como antecedente, a partir del 1 de abril se aprobó en los Estados Unidos una nueva legislación sobre migración, que tiene como objetivo expulsar a unos cinco millones de indocumentados latinos. Actualmente existen en los Estados Unidos un millón de centroamericanos indocumentados: 336 mil salvadoreños, 330 mil hondureños, 245 mil guatemaltecos, 60 mil nicaragüenses y 40 mil costarricenses. Entre todos, exceptuando a los ticos, envían en remesas familiares a esta región dos mil millones de dólares, que representan para algunos países una de sus principales fuentes de ingresos. Tal es el caso de El Salvador que recibe por ese concepto 100 millones de dólares anualmente; representando este monto el valor del 70 % de las exportaciones tradicionales de ese país. Según las estadísticas del Servicio de Inmigración y Naturalización de los Estados Unidos, los salvadoreños se ubican como terceros en la lista de deportados, superados únicamente por mexicanos y hondureños. Para que se comprenda la magnitud del problema, tenemos que en los últimos meses han sido deportados 1.571 hondureños y 1.558 salvadoreños, y con la entrada en vigor de la nueva legislación, se espera que cientos de miles de centroamericanos más sean expulsados.
En relación a este asunto, en el apartado de la declaración titulado "Diálogo sobre migración y el tráfico ilícito de migrantes", el imperialismo no se comprometió a nada concreto en relación a la súplica de los presidentes de la región en el sentido de no aplicar, o al menos moderar, la deportación masiva de centroamericanos indocumentados residentes en los Estados Unidos. Unicamente se limita a declarar que se iniciarán: "...consultas por parte del Gobierno de los Estados Unidos con su Congreso, en relación al alcance, la implementación y las consecuencias de la reciente legislación sobre inmigración aprobada por los Estados Unidos".
Los hechos hablan por sí solos. Mientras los presidentes de la región se comprometen a "modernizar" sus tratados de extradición de conformidad con los designios imperialistas, y bajo la cobertura del combate al narcotráfico, se aprestan a instalar un Centro de operaciones militares, dirigidos por asesores yanquis, por su parte, el imperialismo ha iniciado e intensificado la deportación represiva contra miles de centroamericanos.
Del apartado del documento titulado "Promoción de la Prosperidad por medio de la Integración Económica, el Libre Comercio y la Inversión", vale la pena comentar dos cuestiones.
En primer lugar, el imperialismo no estaba interesado en firmar acuerdos comerciales con los países centroamericanos o integrar a éstos al Tratado de Libre Comercio (EEUU-Canadá-México). Está más interesado en profundizar el control político sobre la región. De tal manera plantea ampliar la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, que es un régimen de concesiones unilateral, por medio del cual Estados Unidos permite que algunos productos de Centroamérica entren al mercado norteamericano libres de impuestos. Estas concesiones que hizo los Estados Unidos en los años ochenta, en el marco de la revolución centroamericana y el desarrollo de su guerra de contrainsurgencia, implican una serie de condicionamientos políticos a éstos países. Lo que no se señala es cuáles serán esos condicionamientos en la situación actual, dado que ya no existe proceso revolucionario. Es muy probable que tales condicionamientos estén relacionados al problema del narcotráfico.
En segundo lugar, los presidentes centroamericanos plantean que: "...promoveremos la liberalización de nuestras telecomunicaciones, tecnología informática y de los sectores de servicios financieros". Con el eufemismo de la liberalización en realidad se oculta el apetito voraz de los monopolios norteamericanos por acelerar los procesos de privatización en los países centroamericanos, lo que permitirá profundizar el "libre comercio" y la " inversión" de las transnacionales en los sectores claves de las economías de Centroamérica.
El resto de la declaración de San José son meros adornos y frases demagógicas sin la menor trascendencia. Lo verdaderamente importante de destacar es que se profundiza la recolonización de Centroamérica y Latinoamérica por parte de los Estados Unidos, como parte de su estrategia para resistir el embate de la competencia inter-imperialista con los otros dos bloques que compiten en el mercado mundial: el europeo y el japonés, en el marco de la denominada globalización. En ese escenario, el papel de las burguesías nacionales y los gobiernos de la región es cada vez más abiertamente el de lacayos, ávidos por subastar el patrimonio nacional y hasta los últimos vestigios de soberanía, a cambio de algunas dádivas y puestos gerenciales de segunda categoría en el poderoso mundo de las transnacionales.
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