El Trabajador Centroamericano Nº 11

(Mayo 1998)


I N T E R N A C I O N A L

Con las masas albanesas de Kosovo


El Trabajador Centroamericano Nº 11
Mayo 1998

por Manuel Sandoval Coto

La chispa de los conflictos nacionales en los Balcanes se ha encendido de nuevo, por donde primero comenzó el incendio de la ex-Yugoslavia: la provincia serbia de Kosovo, poblada por más de un 90% de albaneses (1,800,000). Algunas acciones del Ejército de Liberación del Kosovo (ELK), un grupo armado independentista que ha aparecido recientemente, contra las unidades militares serbias que ocupan la provincia, han provocado violentos ataques contra poblados de las zonas donde opera el ELK y la movilización de la población de las principales ciudades de Kosovo para reclamar la intervención de Washington y las potencias europeas en el conflicto.

Es evidente que desde 1989, cuando la burocracia gobernante en Serbia eliminó la autonomía de la provincia e impuso un fuerte control militar de la misma, un fuerte sentimiento independentista se ha apoderado de las masas albanesas. En la Yugoslavia de Tito (estado federal integrado por seis repúblicas; Serbia, Montenegro, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Hezergovina y Macedonia) aunque a Kosovo no se le reconoció el estatuto de república y fue relegado, manteniéndose como una de las regiones más pobres y atrasadas, la población albanesa no aspiraba a la secesión. El régimen de Enver Hoxa en Albania aparecía más represivo y retrógrado que la burocracia yugoslava, que había logrado un nivel de vida más alto en otras regiones (de Eslovenia y Croacia, fundamentalmente). Los trabajadores desempleados en Kosovo se trasladaban a trabajar a estas repúblicas.

Esta situación, sin embargo, cambió rápidamente, agudizada por la represión militar que ha venido lanzado el régimen de Milosevic desde Serbia. El deterioro de la situación económica de este país, como consecuencia de la desintegración de Yugoslavia, de los primeros pasos hacia la restauración del capitalismo y de las sanciones económicas a que estuvo sometido hasta hace dos años por su apoyo a los serbios de Bosnia-Hezergovina en el conflicto que desgarró a esta otra república de la ex-Yugoslavia, han golpeado fuertemente Kosovo, forzando la emigración hacia Austria y otros países de Europa Occidental de más de 400,000 albaneses.

Desafiando la represión, en 1992 emergió "ilegalmente" un Parlamento albanés, que proclamó la República y ha organizado instituciones albanesas paralelas, principalmente en el campo educativo. Bajo la dirección de la Liga Democrática del Kosovo, de Ibrahim Rugova, reelecto Presidente en elecciones generales por el 70% de la población, se ha intentado la vía de la negociación y la "resistencia pacífica". La burocracia serbia se ha negado, sin embargo, a cualquier tipo de concesión democrática y viene fomentando (en competencia con toda la oposición "democrática y la extrema derecha fascistizante" de Vojislav Seselj) un fuerte chauvinismo anti-albanés, como una forma de desviar el descontento de las masas serbias y poder conservar el poder.

Es la misma política que provocó el estallido de la ex-Yugoslavia. Frente a la oleada de huelgas que desde mediados de los ochenta traducían el descontento popular y la inminencia de una revolución obrera antiburocrática, las burocracias de las diferentes repúblicas fomentaron el nacionalismo primero y después la independencia, para asegurarse de que mantendrían las riendas del poder. La burocracia serbia dio el primer paso, eliminando la autonomía del Kosovo y de la Vojvodina (la provincia de la minoría húngara).

Es una ironía de la Historia que la población albanesa pida la intervención de las potencias imperialistas para que garantice su derecho a la autodeterminación. El conflicto actual tiene una de sus raíces en las intrigas de estas potencias al finalizar la Primera Guerra Mundial. En los Tratados de Paz la nación albanesa fue dividida, porque Francia e Inglaterra querían recompensar al monarca serbio con Kosovo y otros territorios por ser un buen peón de sus intereses.

Hasta ahora, ninguna de las potencias imperialistas había protestado seriamente contra la represión serbia y habían ignorado la proclamación de la República de Kosovo. El régimen de Milosevic no es el mejor aliado para los imperialistas, pero tiene la "virtud" de que es un régimen fuerte, que puede reprimir al movimiento de masas para imponer la restauración capitalista. Las amenazas y las lágrimas de cocodrilo que comienzan a verter, reclamando una negociación, sólo responden a la preocupación real de que el conflicto se extienda a los estados vecinos.

Como resultado de la revolución que ha conocido Albania el año pasado, al levantarse las masas contra el gobierno pro-capitalista cómplice de que la mayoría de la población fuera estafada por los bancos que fomentaron las inversiones fantasmas de las "pirámides", el movimiento de masas se encuentra todavía armado. Existe así la amenaza de que la lucha armada se extienda en Kosovo, involucrando la población de la propia Albania. En cuyo caso, la guerra puede también abrasar Grecia y Turquía, enfrentados por problemas limítrofes. Grecia es desde ya aliada de Serbia. Turquía, por su parte, no podría permanecer al margen de un conflicto mayor que alteraría la correlación de fuerzas en la región. Macedonia, en conflicto territorial con Grecia, tiene además una fuerte minoría albanesa (30% de la población) a la que también se le niegan los derechos nacionales.

Las potencias imperialistas quieren una "solución" pacífica y negociada del conflicto, un tipo de autonomía limitada, que garantice, frente a las masas serbias y albanesas, un estado serbio "fuerte". Milosevic lo sabe y por eso los desafía, poniendo a votar a la población serbia, en un referendum que rechaza cualquier mediación de la ONU. La dirección de Rugovic, al llamar a la mediación de la ONU pedir la intervención de fuerzas de la OTAN, está contribuyendo a que los imperialistas escamoteen el derecho de los albaneses de Kosovo a autodeterminarse democráticamente.

Las masas de Kosovo deben proceder a constituir consejos de trabajadores y campesinos, como los que surgieron en el sur de Albania el año pasado. Este es el camino hacia una insurrección que garantice la verdadera autodeterminación de los albaneses de Kosovo. Frente a la dirección pro-imperialista y desmovilizadora de Rugovic, las trabajadores tienen además el reto de dotarse de un partido obrero revolucionario.


I N T E R N A C I O N A L

Rusia: de la sartén al fuego


El Trabajador Centroamericano Nº 11
Mayo 1998

David Morera Herrera

El régimen totalitario que impuso el stalinismo en Rusia y en sus países satélites, fue derribado por la combinación de la movilización de las masas y las maniobras de las burocracias gobernantes en asocio con el imperialismo. Este proceso se inicia con la "perestroika" de Gorbachov y se acelera con la caída del Muro de Berlín. Los trotskistas siempre afirmamos que la burocracia que controlaba el Estado en esos países, en razón de sus grandes privilegios, era ajena a los intereses del socialismo, y tarde o temprano conduciría a esos países al desastre, como en efecto sucedió. Con frecuencia, los mismos jerarcas ex-comunistas han sido los más decididos ejecutores de la restauración del capitalismo en Rusia, como es el caso del actual presidente ruso, Boris Yeltsin.

Los ideólogos y propagandistas de la burguesía en todo el mundo lanzaron las campanas al vuelo. Francis Fukuyama, con barba postiza de profeta, nos dijo que arribamos al "fin de la Historia", porque se demostraba la supremacía y la infalibilidad del capitalismo como sistema, y, por consiguiente, la "muerte del socialismo". Los imperialistas reunidos en el Grupo de los Siete (G-7), los banqueros del Fondo Monetario Internacional (F.M.I.), los bandidos de la OTAN, nos auguraban una era de prosperidad en Rusia gracias a la "democracia y el libre mercado". Se suponía que los rusos, que ahora podrían ingerir con toda "libertad" la comida chatarra de Mac Donald’s o de Pizza Hut, tendrían un mejor nivel de vida.

Llegó la hora de hacer un balance preciso y rendir cuentas claras. El 24 de abril del año en curso se hizo público en Nueva York un Informe patrocinado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el que se concluye que "...desde la mitad de la década de los noventa, Rusia ya no puede ser clasificada entre los países desarrollados por múltiples parámetros. Entre estos criterios figuran el Producto Interno Bruto (PIB), los gastos de salud, la concentración de la riqueza y las diferencias sociales y regionales. Añade el informe que el estado ruso no tiene hoy, ni tampoco tendrá en un futuro próximo, recursos suficientes como para satisfacer las necesidades para el desarrollo humano" (La Nación, 25-04-98).

Tenemos entonces el siguiente balance histórico:

1) Rusia, bajo la monarquía zarista y el sistema capitalista, constituía un enorme territorio atrasado, con gran miseria y privaciones para las masas populares.

2) A partir de la Revolución de Octubre de 1917, se empieza a construir el socialismo, con la expropiación de la burguesía y la planificación de la economía. Rusia (la URSS) llegó luego a ser considerada una potencia, la misma que fue capaz de colocar la primera nave espacial en el cosmos (el Sputnik), así como garantizar medicina y educación gratuita a todos los niveles, vivienda y empleo a todos ciudadanos.

3) Sin embargo, posterior a la muerte de Lenin y la deportación de Trotsky, se incuba una enorme contradicción: la conducción de la burocracia stalinista gobernante, impone un régimen totalitario y enormes privilegios para sí misma, que terminarán minando las bases del sistema.

3) A partir de los noventa en Rusia se instaura el "libre mercado", la eliminación del monopolio del comercio exterior, la privatización de la tierra y la apertura total a la inversión imperialista.

Resultado: Hoy los trabajadores rusos están mucho más pobres que ayer y deben sufrir en carne propia el flagelo del desempleo que antes desconocían. Hoy Rusia ya no es una potencia, ni siquiera un país desarrollado, es una semicolonia del imperialismo en proceso creciente de empobrecimiento y saqueo. Sin duda Rusia está de mal en peor, es decir, ha caído de la sartén al fuego.

Saquen entonces sus propias conclusiones, compañeras y compañeros lectores


Volver al contenido del ETCA # 11
Volver al índice general



Secretariado Centroamericano

Créditos:

El Trabajador Centroamericano es una publicación conjunta del Partido de los Trabajadores (PT) de Honduras, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Nicaragua y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Costa Rica.

Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión editorial, ni la de los partidos que la editan y son de exclusiva responsabilidad de sus autores.

Aquí nos encuentra:
Costa Rica:

Nicaragua:

Honduras: