El Trabajador Centroamericano Nº 8

(Octubre 1997)


ANIVERSARIOS

La Independencia Centroamericana

por Victoriano Sánchez, Managua


El Trabajador Centroamericano Nº 8
Octubre 1997

El pasado 15 de septiembre se celebró en todos los países de Centroamérica el 176 aniversario de la Independencia respecto al colonialismo español. La celebración por separado de la llamada «fiesta patria» pretende inculcarle a la juventud un sentimiento nacionalista estrecho, deformar la historia, borrar los lazos comunes y destruir el sentimiento a favor de la reunificación centroamericana, es decir, persigue el especial objetivo de evitar una nueva independencia, esta vez contra el imperialismo mundial jefeado por los Estados Unidos, Europa y Japón.

La invasión Napoleónica contra España en el año 1808, y la posterior imposición de la Constitución monárquica de Bayona, generó un sentimiento nacionalista progresivo en la península y en las colonias que terminó en una revolución contra los franceses y en la convocatoria a una asamblea nacional constituyente, que finalmente promulgó la Constitución de Cádiz en el año 1812.

La guerra contra los franceses creo un clima de unidad nacional y de tolerancia política en Centroamérica. A pesar de la hostilidad del Capitán General, José de Bustamante y Guerra, el 25 de noviembre de 1812 se realizaron las primeras elecciones para ayuntamientos y diputaciones provinciales. En este corto período los liberales centroamericanos intentaron crear las primeras instituciones democráticas.

Sin embargo, a su regreso del exilio, el rey Fernando VII suspendió la Constitución de Cádiz durante el período 1814-1820 y Bustamante reinstauró el «terror». Se abrió, pues, un interregno de siete años de absolutismo en Centroamérica y con ello se debilitaron las recién nacidas instituciones "liberales".

El 1 de enero de 1820 las tropas destinadas a aplastar las luchas independentistas en América se amotinaron en España, bajo el mando del general Rafael del Riego y Núñez, obligando al rey Fernando VII a restablecer la Constitución de Cádiz.

Esta revolución en la metrópoli, la guerra civil iniciada en años anteriores por la independencia en México y la agitación popular en Guatemala, incidieron decisivamente en la proclamación de la independencia de Centroamérica el 15 de Septiembre de 1821.

Un caso excepcional

En el vecino México y en otros países latinoamericanos, la proclamación de la independencia fue el resultado de cruentas guerras contra las tropas "realistas". En éstos enfrentamientos bélicos por alcanzar la independencia política, los diferentes grupos criollos fraguaron rápidamente la nación. Se unificaron criterios, se crearon paralelamente gobiernos e instituciones de un nuevo Estado, nuevos aparatos administrativos, se recaudaron impuestos, se emitieron decretos, etc. La población de esos territorios se agrupo en torno a los gobiernos independentistas. En fin, se fue conformando la nación y también se fue desarrollando el sentimiento nacional.

En cambio, en Centroamérica ocurrió un fenómeno diferente: fueron las mismas autoridades coloniales quienes juraron solemnemente la independencia. Esta incongruencia de la historia quedó plasmada en el acta del 15 de Septiembre de 1821, cuando las autoridades coloniales reconocieron que "siendo la independencia del gobierno español la voluntad general del pueblo de Guatemala... [optaron por mandarla] a publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso que la proclamase de hecho el mismo pueblo"1

A pesar de la declaración de la Independencia, se mantuvieron en el gobierno las mismas personalidades de la administración colonial. El sistema electoral, por ejemplo, permaneció intacto en términos generales, salvo lo ordenado por el punto 4 del acta de la Independencia del 15 de septiembre de 1821, que permitía a los africanos optar a la ciudadanía, así como la elección de un diputado por cada 15 mil personas.

Dos declaraciones de independencia

La proclamación de la primera independencia trajo consigo la separación de España e inmediatamente la temporal anexión a México. Este hecho reflejó el temor y la incapacidad de los criollos centroamericanos al encontrarse, de la noche a la mañana, a la cabeza de un territorio independiente. Por eso buscaron desesperadamente la protección del emperador Iturbide y su Plan de Iguala que pretendía establecer una monarquía constitucional en México.

Como resultado de la primera independencia se formó un gobierno provisional con el nombre de Junta Provisional Consultiva (JPC), formada por Gabino Gaínza, José Cecilio del Valle y Pedro Molina. Por otra parte, desde la firma de la declaración de la primera Independencia, la JPC fue presionada por Iturbide para proceder a la anexión a México y evitar así la formación de una República.

Bajo la presión de las tropas mexicanas, la JPC organizó rápidamente una consulta y solicito a los Ayuntamientos de las ciudades realizaran sesiones para decidir la anexión o no al imperio de Iturbide. El 2 de enero de 1822, la JPC se reunió para valorar los resultados: un arrollador voto en favor de la anexión a México. Es importante recordar que en esa época, en vista de que las instituciones coloniales se habían mantenido intactas, el sistema electoral solo permitía votar a una minoría, es decir, a aquellos criollos que tenían dinero en efectivo o haciendas. A pesar de semejante restricción, la consulta no realizó en total calma, se produjeron pequeños enfrentamientos entre los bandos. La anexión a México dividió a los próceres centroamericanos.

Bajo la corta administración mexicana, Iturbide recurrió a la implantación de impuestos para recaudar fondos, provocando el progresivo rechazo de los centroamericanos. La medidas adoptadas por Iturbide en contra de los derechos ciudadanos y la declaración de guerra contra España condujo al estallido de una rebelión contra el emperador. Esta situación brindó a los centroamericanos la oportunidad para liberarse del dominio de México. La insurrección contra Iturbide en el propio México, alentó el espíritu a favor de una nueva independencia.

El Plan de Iguala que pretendía instaurar una monarquía constitucional fracasó estrepitosamente. Ante la proclamación de la República en México, las autoridades centroamericanas se vieron compelidas a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Esta, reunida en Guatemala, el 1 de Julio de 1823, emitió un decreto reconociendo que "la incorporación de estas provincias al extinguido imperio mexicano... fue una expresión violenta arrancada por medios viciosos e ilegales» y que por lo tanto , las provincias de Centroamérica «representadas en esta Asamblea, son libres e independientes de la antigua España, de México y de cualquier otra potencia" 2

Así ocurrió la proclamación de la segunda independencia de Centroamérica, un caso singular en América Latina. Esta excepcionalidad se expresó, entre otros factores, en la sobrevivencia de instituciones que los liberales españoles crearon a partir del período 1812-1814, con la promulgación de la Constitución de Cádiz. De esta manera, un pedazo del Estado colonial, desgarrado por el levantamiento del Riego en España, comenzó a tener vida propia. Pero la nación que debió servir como soporte para la cimentación del nuevo Estado, todavía no había alcanzado el grado suficiente de madurez.

¿Por qué fracasó el Estado federal?

Los próceres de la época se vieron obligados a acelerar la construcción de la nación desde arriba, desde el control del Estado. Por esta razón, el tipo o modelo de Estado jugo un rol de extrema importancia. Al final, los liberales centroamericanos se inclinaron por fusionar el modelo de Estado federal de los Estados Unidos con las instituciones de Cádiz. Esta amalgama de postulados e instituciones trajo consigo una extraña mezcla de centralismo y federalismo, que resulto fatal para la construcción del Estado nacional centroamericano, bajo su forma federal.

Las nuevas autoridades reprodujeron el esquema de funcionamiento del Estado colonial, con sus legiones de funcionarios y con un ejército desproporcionado, que ocasionaban excesivas erogaciones de dinero. Por esta razón, también se vieron obligados a cobrar los mismos impopulares impuestos de la época colonial.

Las dos independencias trajeron el entrenamiento entre las fuerzas representativas del nuevo y viejo orden, lo que originó la guerra civil de 1829 donde supuestamente vencieron los liberales, los representantes del "nuevo orden".

Ese cambio en la correlación de fuerzas a favor de los liberales no se tradujo en la convocatoria de una Asamblea Constituyente que reformara o corrigiera los evidentes defectos de la Constitución de 1824. El sector triunfante siguió gobernando en base a esa misma Constitución, acentuando las contradicciones entre el gobierno federal y los diversos Estados.

Bajo el gobierno del Gral. Francisco Morazán se intento llevar a cabo un proyecto de reformas a la Constitución, durante el año 1835, el cual fracasó debido, fundamentalmente, a que en las fuerzas adversarias habían crecido mucho al capitalizar las deformaciones de la Constitución federal. Los intentos de renovación fracasaron y con ello se hundió la posibilidad de salvar al estado federal.


Notas

1. Esgueva Antonio, Las Constituciones de Nicaragua y sus reformas en la Historia de Nicaragua Editorial El parlamento, Volumen I, pág. 144, Managua.

2. Esgueva Antonio, Idem, págs 170 y 171.


1917-1997 Ochenta aniversario de la Revolución Rusa

La tradición y el programa que reivindicamos

por Marcos Luna Velásquez, San José


El Trabajador Centroamericano Nº 8
Octubre 1997

En el año de 1917, en Rusia un vasto y atrasado país europeo, se desarrollaron los más impresionantes eventos que conoce la Historia del siglo XX. Los trabajadores y campesinos derribaron en febrero al zar Nicolás II, heredero de la monarquía absolutista y protector de los terratenientes y grandes empresarios capitalistas, y en su lugar, asume el poder un Gobierno provisional compuesto por partidos burgueses y partidos obreros reformistas (mencheviques y eseristas), encabezado por Kerensky. Luego, estas mismas masas obreras y campesinas, dirigidas por el Partido Bolchevique encabezado por Lenin y Trotsky, el 25 de octubre del viejo calendario bizantino (en realidad el 7 de noviembre de acuerdo al calendario occidental actualmente vigente), derribaron al Gobierno de Kerensky, para empezar la construcción del primer Estado Obrero del mundo. Veamos como estas formidables revoluciones pudieron tener origen en Rusia.

1905: Primer ensayo revolucionario

El pueblo ruso ya había efectuado un intento para derrocar al zar en 1905. Esta revolución fue detonada por una desastrosa guerra llevada a cabo por la monarquía en contra de Japón. La incapacidad del zarismo para llevar adelante la guerra condujo a la derrota del ejército. Esto hizo que los soldados rasos se rebelaran contra el mando zarista. A estos se les unieron los campesinos, que vivían sometidos a la opresión de las terratenientes. El tercer elemento revolucionario fue el proletariado ruso, muy joven y concentrado en grandes fábricas de capital extranjero, que se lanzaron a la huelga general. El zarismo retrocedió y creó una especie de Asamblea Legislativa (La Duma), controlada por la burguesía liberal. A su vez las masas populares, que nunca confiaron en la Duma, se organizaron en su propio "parlamento": en los Soviets, que significan Consejos de delegados obreros, campesinos y soldados. En estos, cada fábrica, aldea o cuartel elegía a su representante, y estos eran revocables en cualquier momento por sus electores. Así se enfrentan el poder burgués y el poder obrero, uno intentando reconstruir el régimen zarista y otro intentando acabar con él.

Por un cúmulo de circunstancias, entre las que destaca la inmadurez del proletariado, el zarismo no fue derrotado. Pero las masas y principalmente su vanguardia: los bolcheviques, aprendieron las lecciones.

La Primera Guerra Mundial

Este es el marco de nacimiento de la Revolución Rusa: la Primera guerra imperialista mundial. Producto de la descomposición del capitalismo, se arroja a la masacre a más de ocho millones de hombres. Lo peor de esta carnicería es que fue realizada con el beneplácito de los autodenominados dirigentes "marxistas" de la II Internacional Socialista. Así los grandes partidos socialdemócratas llaman a sus millones de seguidores, no a dirigir sus bayonetas contra sus enemigos: los capitalistas nacionales, sino contra sus hermanos obreros de otras nacionalidades, con uniforme de soldados.

Pero ya en 1914, León Trotsky, dirigente de la revolución de 1905 y futuro dirigente de la revolución de 1917, nos dice:

"Nosotros, revolucionarios marxistas, no tenemos razón para desesperar. La época en que estamos entrando será nuestra época. El marxismo no está derrotado. Al contrario, el estampido del cañón en todos los rincones de Europa, proclaman no solo el derrumbe de las organizaciones históricas del proletariado (los viejos partidos socialdemócratas), sino también la victoria de la teoría marxista". (Trotsky. "La guerra y la Internacional")

Un giro de la historia: la chispa es de las obreras

El 23 de febrero, día internacional de mujer (8 de marzo, según el calendario actual), las obreras del ramo textil salieron a huelga y mandaron delegadas a los metalúrgicos para que secundaran el movimiento, así progresivamente más y más fábricas se suman al movimiento, ya el 25, hay 240.000 obreros en huelga. Ni siquiera los mismos bolcheviques se esperaban este sorpresivo estallido del sector más oprimido del proletariado, pero ante los hechos son los obreros bolcheviques los que encabezan el movimiento.

El 27 la presión de las masas obreras logra que se subleven los regimientos de soldados y estos convergen en un todo que lanza por los aires a la monarquía y al sojuzgamiento del pasado. Luego del derrocamiento, resurgen los soviets de obreros, campesinos y soldados. Ahora los bolcheviques habían aprendido la lección anterior: orientaron a crear soviets en todo el país.

Pero la revolución de febrero había creado una gran paradoja: el zarismo fue derrotado por los obreros y despertó así la conciencia de millones de campesinos, que sin embargo, eran políticamente atrasados en relación a los obreros. Así en los soviets, los campesinos (aplastante mayoría de la población rusa) no seguían a los bolcheviques, sino a los partidos reformistas: mencheviques y eseristas. Estos le entregaron el poder a la burguesía liberal, la misma que era confrontada por el pueblo ruso desde 1905.

Al llegar clandestinamente a Rusia, Lenin planteó en sus Tesis de Abril la forma de solucionar esta paradoja: explicar paciente, minuciosa y perseverantemente a las masas su error y seguir insistiendo en que correspondía derrocar al gobierno de Kerensky, para que el poder lo tomaran directamente los obreros y campesinos en sus propias manos. El grito de combate bolchevique era: ¡¡todo el poder a los Soviets!!

Los mencheviques y eseristas nunca quisieron romper con la burguesía, cesar la guerra imperialista, establecer el control obrero en las fábricas y darles a los campesinos la tierra. Inclusive tuvieron una actitud cobarde frente al golpe militar encabezado por Kornilov, que pretendía acabar a sangre y fuego con la revolución. Aunque posteriormente tuvieron que hacer unidad de acción con los mismos bolcheviques para frenar el golpe reaccionario de Kornilov.

Los bolcheviques con paciencia explicaron al pueblo por qué los mencheviques y eseristas, en asocio con la burguesía, no podían solucionar sus grandes problemas, y que la única solución era que el pueblo ruso se autogobernara. Pan, Paz y Tierra, era la exigencia del partido bolchevique.

El 25 de octubre los bolcheviques, liderados por Lenin y Trotsky, tomaron por asalto el Palacio de Invierno, sede el Gobierno de Kerensky. A la vez, los telégrafos, correos, establecimientos militares, y los sitios estratégicos de la ciudad de Petrogrado, antigua capital rusa. Estas acciones se realizaron sin gran derramamiento de sangre. El crucero "Aurora" tripulado por marinos bolcheviques lanzan un cañonazo y el Gobierno Provisional se rinde. Es la insurrección más incruenta de la historia. Aunque posteriormente la intervención militar de los distintos imperialismos y de más de catorce ejércitos mercenarios, financiados por la contrarrevolución terrateniente y burguesa, provocaron una larga y sangrienta guerra civil desde 1919 hasta 1921.

El régimen de los soviets

La Revolución de Octubre, luego de acabar con la guerra imperialista, nacionalizar las fábricas, el comercio exterior y realizar la reforma agraria, creo un régimen soviético con las siguientes características: los obreros y campesinos dominan a través de sus organizaciones el aparato estatal. Existía democracia obrera irrestricta: nadie podía coartar la más plena libertad política para todos los trabajadores que fueran parte de los soviets, existía pluripartidismo, el Estado tenía la obligación de proporcionar todas las facilidades para el desarrollo de la política, la cultura y el arte, desde papel para imprentas hasta locales para danza y pintura. Los sindicatos eran independientes del Estado. Este régimen solo fue limitado transitoriamente durante la guerra civil, en los duros años en que había que enfrentar la feroz contrarrevolución burguesa e imperialista.

Pero la característica principal del régimen de octubre fue su internacionalismo revolucionario, cuya máxima expresión fue la fundación de la III Internacional, conocida como la Internacional Comunista, cuyo programa fue extender el poder de los trabajadores a nivel mundial.

Todas estas conquistas fueron sepultadas por la aparición de la burocracia stalinista, que copa el Estado soviético y al Partido, y engendra un régimen totalitario, que encierra a millones de disidentes en campos de concentración y asesina a treinta mil oficiales del Ejército Rojo, incluso a los mismos dirigentes del Comité Central del partido bolchevique que dirigió la Revolución de Octubre, tales como Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Joffe, Radek, Preobrazhensky y a Trotsky, entre muchos otros.

Quienes hoy restauran el capitalismo (los Gorbachov y Yeltsin) en la ex-Unión Soviética y en Europa del este, son los herederos de esa burocracia stalinista, hoy transformados en agentes directos del imperialismo.

Nuestros héroes y nuestro programa

Hoy en día, cuando miles de ex-izquierdistas renuncian a sus principios, y dejan huérfana de dirección a la clase obrera, los que aún se autodenominan "comunistas" han cambiado a su antiguo "héroe" Stalin por un Che Guevara a la moda y a su medida. Evidentemente reivindican a un Che romántico y "humanista", no al Che consecuente, convencido de la lucha por la revolución socialista internacional, pese a que sus métodos guerrilleristas fueran equivocados.

Hoy como ayer, nuestros héroes y nuestro programa son diferentes a los del stalinismo. Nuestro programa es el mismo que hicieron realidad los obreros rusos en 1917 y nuestros héroes: la clase obrera y sus mejores miembros, quienes entregaron sus vidas para que triunfara la primera y más grande revolución socialista del siglo XX.


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El Trabajador Centroamericano es una publicación conjunta del Partido de los Trabajadores (PT) de Honduras, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Nicaragua y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Costa Rica.

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