El Trabajador Centroamericano Nº 6

(Junio/Julio 1997)


INTERNACIONAL: El "tigre obrero" en Corea del Sur
El Trabajador Centroamericano Nº 6
Junio/Julio 1997

Enseñanzas de una Huelga memorable

Por Marcos Luna

Corea del Sur es conocida en el mundo de los negocios como uno de los "tigres asiáticos" en alusión al impresionante desarrollo industrial que experimenta desde la década de los sesenta, a costa de una mano de obra sobre-explotada y disciplinada. Actualmente el "milagro" sur-coreano ha entrado en crisis por todos sus costados. Las impresionantes huelgas obreras ocurridas en enero del presente año han demostrado que la clase obrera industrial coreana, altamente concentrada y tecnificada, se convierte asimismo en un "tigre" contra los intentos de la patronal por derrotarla.

Como resultado de las grandes movilizaciones populares de 1986-1987, cuya vanguardia la constituyeron los estudiantes, se tambaleó la dictadura tradicional en Corea del Sur, por lo que la burguesía y el imperialismo se apresuraron a crear un régimen de fachada democrática. Es precisamente el actual gobierno "democrático" de Kim Youn Sam, al que le toca lanzar un virulento plan de flexibilización laboral, que recuerda los mejores tiempos de la dictadura.

Así el 24 de diciembre de 1996, en una sesión parlamentaria relámpago que dura 6 minutos, Kim impone una ley que permite la extensión de la jornada laboral, facilita los despidos sin indemnización, permite el contrato de trabajadores eventuales, rompehuelgas y soplones en casos de paro, entre otras lesivas medidas contra los trabajadores.

En Corea del Sur existen dos centrales sindicales, la FKTU, controlada por una burocracia conservadora y propatronal heredada de la dictadura, que cuenta con 200,000 afiliados, y la KCTV, central ilegal, surgida a caballo de las luchas contra la dictadura, que aglutina al sector más militante del movimiento obrero, y es influenciada por la Iglesia, que cuenta con 500,000 afiliados.

Después del ataque antiobrero del Gobierno, el 26 de diciembre del año pasado, la KCTV llama a un paro de 24 horas. Una vez arrancado el paro, los trabajadores de las empresas que habían parado (automotrices, ensambladoras, astilleros, subterráneos) deciden en enormes asambleas continuar indefinidamente el movimiento, hasta la derogatoria de la ley.

Como respuesta, el gobierno de Kim se lanzó a la persecución de los dirigentes sindicales más connotados, pero estos rodeados por los combativos trabajadores, se atrincheraron en la catedral de Seúl y en las fabricas ocupadas por los obreros en huelga; lo que impidió el arresto de los mismos a las fuerzas represivas.

Después de año nuevo se sumaron a las manifestaciones y luchas callejeras, los estudiantes, los empleados bancarios y de servicios, etc. Según las encuestas, el 75 % de la población apoyaba a los huelguistas. Las luchas callejeras se hacían cada vez más duras y radicales. Las masas pedían crecientemente la caída de Kim, rebasando el programa de las centrales que sólo pedían la re-negociación de la ley.

El 15 de enero, 40,000 manifestantes se enfrentaron en batalla campal contra 12,000 efectivos policiales. Ese día los obreros se armaron de tubos de metal, rejas, baldosas, piedras, y los policías arrojaron gases lacrimógenos y utilizaron todos los recursos a su alcance.

A estas alturas, la FKTU llama a apoyar el paro y se crea un frente único sindical, que parecía fortalecer la huelga. Sin embrago en realidad esta se estanca y detiene, obligada a ir a una tregua unilateral, por decisión de la cúpula sindical. No fue ni el cansancio ni la represión, lo que debilitó la huelga, fue la política de las direcciones sindicales. Por un lado, la FKTV, con su política abiertamente traidora y conciliadora; por otro lado, la KCTV que se limitó a la "presión combativa", pero apoyando a la oposición burguesa y limitando el objetivo de un movimiento tan vasto y potente a la única consigna de revisión de la ley, y no desplegando un programa que movilizara y recogiera el conjunto de las aspiraciones de las masas.

La tregua política unilateral decretada por ambas centrales, permite al Gobierno de Kim evitar su inminente caída y retomar la ofensiva, gracias a los arreglos pactados con la dirigencia sindical y la Iglesia Católica a fin de garantizar la gobernabilidad del país.

En todo caso, después de 4 semanas de una formidable huelga masiva, se demostró el poderío de la clase obrera y al calor de multitudinarias movilizaciones, se puso a la orden del día la caída del Gobierno, el cuál estuvo literalmente en la cuerda floja. Otro rasgo aleccionador de este movimiento es que su vanguardia la constituyeron los obreros de las grandes empresas exportadoras, tales como la Hyundai, Daewoo, Samsung, que por situarse en sectores estratégicos generaron rápidamente una brutal crisis en la economía. Sumado a lo anterior, destacan los métodos de lucha que emplearon los obreros para acorralar virtualmente a la patronal y a su gobierno: piquetes, tomas de fábrica, asambleas democráticas permanentes, marchas cotidianas, enfrentamientos armados y demás.

Asimismo, al final de cuentas, quedó patente la ausencia de una dirección consecuentemente revolucionaria. Faltó para garantizar un triunfo contundente de los trabajadores, evitar que se congelará la huelga con la tregua unilateral, organizar masivamente a los trabajadores estatales para que se sumaran al movimiento, movilizar a las pequeñas y medianas empresas, crear organismos democráticos de las bases en lucha en cada centro de trabajo y coordinarlos a escala nacional, incorporar a los obreros no sindicalizados asumiendo un programa más amplio de reivindicaciones que los movilizara junto a otros sectores populares. Sin embargo, la lucha surcoreana es un capítulo ejemplar del combate obrero contra los planes de ajuste y la globalización capitalista, y brinda nuevo aliento y esperanza a la lucha de todos los trabajadores del mundo. Sin duda, los hermanos de Corea del Sur señalan el camino.


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Secretariado Centroamericano

Créditos:

El Trabajador Centroamericano es una publicación conjunta del Partido de los Trabajadores (PT) de Honduras, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Nicaragua y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Costa Rica.

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